Cuarta Edad de Vreynem

También llamada edad del acero.

Como todas las Edades desde la Primera hasta la Novena –con el nacimiento de la Maestría–, muchos hechos se consideran sólo leyendas.

Del descubrimiento del acero elfo

El comienzo del siglo IV trajo consigo el hallazgo más importante del pueblo elfo: el acero élfico. Fue extraído del erhir, un metal precioso parecido a la plata tan sólo existente en las montañas Salvajes, a través de las Minas de Íluvem, mina que años después pasaría a llamarse Mina de Angkor por los enanos. En Ein’Leinen, los elfos consiguieron mezclar aquel metal precioso con el acero, creando así una aleación que servía para crear armas de gran calidad, de forma que nunca perdían el brillo ni el filo, ni se rompían. El erhir sólo se fundía a temperaturas muy altas, tal es así, que se dice que los elfos usaban el fuego de Guldur, el dragón encadenado, para fundirlo y templarlo luego. Sólo los mejores herreros elfos eran capaces de manejar el erhir, ya que hasta que no se solidificaba por completo era extremadamente frágil.

Con éste acero se forjaron las espadas reales de las princesas elfas que siguieron perteneciendo a las reinas aun siglos después: ZarpaCorrienteLlamaDestello y Tinta. Los erhenr también forjaron su propia espada real, Suspiro, que dejaron en el mundo de los mortales, pero se perdió.

De la Guerra Civil de los Elfos

Con el nuevo descubrimiento del acero élfico y el poder que aquello conllevó, las cinco princesas elfas empezaron a querer acumular poder para sus dinastías, y tras varios conflictos, acabó en una guerra civil. La reina Ailidur I fue asesinada por sus propios plebeyos y el reino se sumió en una guerra entre hermanos.

El templo de Iveneir fue destruido, pero el hada huyó y logró esconderse. Ímilrul quedó sumergida en el fondo de un lago.

Los elfos fueron directos al Gaendrin, el bloque de obsidiana donde habían escondido el talismán, pero todos murieron dentro del templo, matándose los unos a los otros. Se dice que tal fue la matanza, que los espíritus de aquellos elfos quedaron condenados a vagar por el templo, protegiendo el talismán por siempre.

Tras varios años de guerra, Guldur fue liberado y desató el caos en Ein’Leinen. Se negó a salir de allí, ya que era lo único que conocía, y por lo tanto se dedicó a quemar y destruir Anhia.

Finalmente los elfos abandonaron Ein’Leinen, que quedó maldito, y pactaron la pazentre ellos. Cada raza fundó un santuario, oculto de tal forma que pudieran protegerse de las otras razas de elfos y de los dragones, que eran en aquel momento el mayor peligro.

Dejaron de usar el elfo antiguo, pues se consideró de mala educación, y crearon un idioma más simple que llamaron elfo común.

De la creación de los sombras

Para proteger y escoltar a los elfos de luz en sus marchas por las tierras de Vreynem, Irosar pidió ayuda a su vaerin Varshan, que se ocupaba de tender las sombras sobre el mundo, para que creara una nueva criatura, fuerte y hábil.

Así nació la raza de los sombras. Podían correr como el más veloz de los caballos durante días o levantar enormes cargas. Sirvieron como plebeyos de los elfos hasta el final de la Edad.

De la creación de los man’renhi o maeses

Los äleinen crearon a unas criaturas semejantes a ellos, con la tarea de dar ejemplo a los elfos y mantener sus normas. Los llamaron man’renhi, los canalizadores de magia, aunque siglos más tarde los hombres acuñarían el término de maese para referirse a ellos. Ellos podían recoger la energía del ambiente, y hacerla pasar a través de ellos a los elfos.

Fueron siete, uno para cada äleinen:

Seon, el maestro de la luz para Irosar.

Vaeron, guardián de los bosques, para Iria.

Gauden, mago de los mares, para Gano.

Ulein, el gran hechicero, para Ívana.

Enean, el señor de las almas, para Maenin.

Alea, señora del fuego, para Fateo.

Y la sacerdotisa Syria para Heineri.

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