Decimoprimera Edad de Vreynem

También llamada edad de hielo.

De las casas nobles

Desde finales del siglo X las casas nobles han sido quienes dirigían las grandes ciudades de los imperios.

Así, los Orender reinan en Orender desde la creación misma de la ciudad, o los Garraplata en Ciudad Gris.

Las casas más importantes de la historia se fundaron en esta edad, y entre ellas podemos encontrar: los Mareanegra, los Garraplata, los Arcángel, los Vaelen, los Eada, los Cerroluna, los Orender, los Barlovento, los Salitre, los Sagitario, los Venross, los Alba, los Relente…

De los primeros montaraces

A principios del siglo XI, los Barlovento fueron una casa noble que habitaba en Ail-Sinven, sirviendo a los Vaeleor, que reinaban. A principios del siglo reinaba Rolthon Vaelen, o como lo llamaban, el rey borracho. Candor Barlovento, padre de la familia, se hartó de las tonterías del rey y decidió abandonarlo.

Rolthon le dijo a Candor que podía irse a vivir con los lobos, y Candor le dijo que haría exactamente eso. Junto con sus huestes, Candor se fue a vivir a las montañas de la Tormenta, donde por primera vez el hombre entabló relación con los huargos. Los huargos en un primer momento desconfiaron de ellos, pero tras varios años, Candor y sus hombres lucharon contra los sombras que habitaban las montañas, y con ayuda de los huargos, los expulsaron. A cambio, los huargos les mostraron el valle donde vivían a salvo de los sombras y de cualquier enemigo. Los Barlovento se instauraron allí y fundaron el refugio de Valle de Lobos.

Allí se coronó a Candor como general supremo de los montaraces. Al cabo de los años y las décadas, los hombres de las montañas entablaron relación con los huargos y pasaron a llamarse montaraces. Se definieron como un pueblo duro, soberbio y audaz en la guerra. Desde el mandato de Candor, los Barlovento han reinado en el pueblo montaraz. Más tarde también crearon asentamientos en la Corona de Hielo y la Sierra del Jade.

Por alguna razón, todos los montaraces adquirieron un gen dominante: los ojos grises, y aunque se desconoce el por qué, se dice que es porque se pasaban los días mirando las nubes de tormenta en el cielo. Tienen siempre el pelo negro y fuerte, pero también se han dado casos en los que el pelo es rubio y en raras ocasiones moreno.

Del Gran Invierno y los Reyes en Invierno

En este siglo hubo un invierno tan frío que hacía que los castillos quedaran helados por fuera y por dentro, y que duró treinta años. Durante todo este tiempo, gran parte de los vaélicos y eándicos, acostumbrados al calor, perecieron, si no de hambre, de frío; sino era de ninguna de estas maneras, caían presas de los demonios helados. Fue tal la tragedia que los grandes reinos redujeron su población a dos quintos. Sin embargo, los montaraces de Valle de Lobos, gobernados en aquel entonces por Hugo Barlovento I, hijo de Candor Barlovento, estaban acostumbrados al frío y preparados para ello. Salieron de las montañas y acogieron a todos los que pudieron en sus refugios, de modo que pudieran sobrevivir.

Cuando los demonios de hielo avanzaron desde el norte, destruyendo Eaden a su paso, y amenazaron con invadir Vaeleor, Hugo hizo un llamamiento a todas los reyes de Vreynem, tanto hombres, como elfos y enanos, pero nadie vino en su ayuda. Por este motivo, Hugo los llamó a todos cobardes y pronunció la famosa frase: “Envueltos en acero y oro todos los reyes son poderosos, pero cuando llega el horror y los demonios, sólo puede haber un rey, el rey en invierno”. Por este motivo, los montaraces lo coronaron como Rey en Invierno.

Tal fue el frío que arrastraban los demonios helados que tiñó la corteza del bosque del color del acero, y el bosque empezó a llamarse bosque Gris.

Hugo consiguió vencer a los demonios, pero muchos de sus hombres perecieron en el combate. Sin embargo, cuando volvió a Valle de Lobos, el invierno acabó. Los tres reinos de los hombres se sintieron profundamente agradecidos y alabaron al Rey en Invierno. Los elfos, también agradecidos, propusieron a los montaraces que cada cuatro años eligieran cinco jóvenes para ser entrenados en sus santuarios como duneis. Los enanos, al oír de esto, también quisieron ofrecer un regalo y se ofrecieron a entablar relaciones militares con los montaraces.

De esta forma, mientras los grandes reinos de los hombres se recuperaban de la crisis del invierno, el Rey en Invierno vio su imperio expandirse. De esta forma, eligió a dos compañeros y los destinó uno al sur y otro al norte. Crearon el refugio de Ciudad del Jade y Ferdhún, regidos por un general que recibía las órdenes del Rey en Invierno.

De Irendell

Tras el Gran Invierno y la creación de Ferdhún, los montaraces descubieron que el sur de Yhon era una zona cálida y regada por los numerosos ríos que bajaban de los glaciares, de forma que crecían grandes y fuertes cosechas y era una zona pobre en depredadores. Informaron a los eándicos de aquello, ya que sabían que tras la crisis invernal, las ciudades eándicas habían diezmado su población y su poder, y ellos no tardaron en enviar campesinos allí para labrar las tierras. La tierra fue bautizada como Irendell, y en un principio se trató de una colonia que explotaba la tierra, hasta que se dieron cuenta de que la tierra era demasiado rica y decidieron crear asentamientos allí. Finalmente, los habitantes de Irendell decidieron aprovechar el momento de pobreza de Eaden e independizarse. Irendell pasó a ser una provincia famosa por ser pacífica y vivir de la artesanía.

Pronto empezaron a recibir ataques de los bárbaros del norte, y también de asaltantes, bandidos, e incluso del imperio eándico, que estaba resentido de que Irendell hubiera conseguido independizarse.

Los montaraces de Ferdhún se dieron cuenta de esto y empezaron a proteger a los íricos de todas las amenazas. Al ver que los montaraces les superaban en estrategia, fuerza y habilidad, todos los enemigos se replegaron. En agradecimiento, los íricos hicieron un pacto con los montaraces, de forma que garantizaban su protección a cambio de suministros para Ferdhún.

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