Decimosegunda Edad de Vreynem

También llamada edad de la sombra.

De los salvajes de oriente

No se sabe exactamente cuando los pueblos libres empezaron a formar sus propios clanes, pero en el siglo XII fue la primera vez que los saërus entablaron contacto con ellos.

El rey Morhen II de Saneor envió un mensajero a las tierras de los reinos bárbaros, pero le devolvieron tan sólo su cabeza. El rey Morhen declaró entonces la guerra a los bárbaros, pero tras una única batalla al norte de los páramos salvajes, quedó horrorizado por lo que eran capaces de hacer y declaró la paz. Los salvajes no dijeron nada ni reaccionaron. Ya de entonces, los bárbaros estaban divididos en numerosos clanes, que estaban y siguen estando en guerra continua todos entre sí.

Del primer druida y Esmeria

Aunque se basa en una leyenda, se dice que un hombre en el BosqueVerde de Il’Winfue a bañarse a una laguna y allí se topó con una ninfa. La ninfa le sedujo, pero en vez de engañarle, se enamoró del hombre y tuvo una hija con él, que llamó Ésmere. Ésmere resultó ser un híbrido entre un feérico y un humano. Tenía la capacidad de hacer la guerra, pero temía y aborrecía usar la violencia, y aunque con apariencia humana, podía transformarse en animales y usar cierto tipo de magia elemental.

Ésmere tuvo otro hijo, y como salió igual que ella, fue perseguida y desterrada. Al final se fue a vivir con los feéricos y surgieron más como ella, a los que llamaron druidas. Más tarde, Ésmere fundaría el santuario de Esmeria.

De las comarcas libres

Algunas familias nobles erigieron sus propios feudos que no pertenecieron a ningún reino. Ejemplos como estos son Ciudad Gris, o Il’ad, donde reinan los Garraplata o los Duna, respectivamente.

De los primeros piratas

Cuando Vaeleor tomó poder, muchos fueron los que decidieron navegar hacia las islas Occidentales. En concreto, la familia Salitre se ocupó de explorar cada palmo de las islas y colonizarlas. El imperio de los Salitre perduró durante algunos años, hasta que surgió una revolución llamada la Rebelión de la Sal, y mataron a todos los miembros de la casa Salitre. La anarquía reinó en las islas Occidentales hasta que la flota dorada de Vaeleor surgió para poner orden. Logró civilizar la mayoría de las islas, pero muchas otras siguen siendo  hervidero de piratas. La mayor organización pirata de las islas es llamada hijos de la sal.

De otros pueblos libres

Así mismo, como los salvajes, otros hombres quisieron valerse por sí mismos. Es el caso de las tribus nómadas del Gran Desierto o de los salvajes de Corona de Hielo. Son autosuficientes y no pertenecen ni obedecen a ningún estandarte, casa o rey.

De la Invasión de Saneor

Durante el mandato del rey Eronas III Saneon, una flota de Varshan desembarcó en las costas del Mar Negro. Orender avisó a Eronas de inmediato, y Eronas III supo entonces que sería casi imposible detener el avance de las tropas enemigas. Entonces tuvo una idea y ordenó a Orender y Píritas que retrasara todo lo que pudiera el avance enemigo.

Al año siguiente, las tropas de Varshan consiguieron avanzar, pero se toparon con un enorme y largo muro que no dejaba de crecer en altura. Intentaron pasar por él un centenar de veces, pero en todas aquellas el Muro conseguía frenar el ataque.

Finalmente decidieron ir al sur, pero tal y como Eronas III creía, los salvajes se ocuparon de ellos y masacraron sin piedad a las tropas de Varshan. Eronas III fue bendecido como un héroe, y el muro pasó a llamarse Muro de Eronas.

Varshan no volvió a atacar aquel siglo, y desde entonces ha quedado claro que aquello fue una medida para probar el poder de los hombres.

De Keargön y los Hijos de la Serpiente

Tras el Gran Invierno, Vaeleor había quedado desolado, y al igual que los otros grandes reinos, había diezmado su poder y población. Keargön fue el Guía de una Senda sombra que vio la oportunidad de sacar a los suyos de vivir en el margen y la soledad y encabezar un reinado.

Keargön tenía un poder que descendía de los antiguos sombras, la capacidad de anular la magia, y vestía con una armadura de plata que anunciaba aquel poder. Reunió a un gran número de Sendas y aprovechando sus poderes y la debilidad de Vaeleor, atacó Ail-Sinven.

Keargön mató personalmente al rey Feroos III, a su mujer y sus hijos, poniendo fin de esta forma a la casa Vaelen. Así, Keargön se nombró rey de Vaeleor y reinó durante cinco años; los hombres le llamaron el rey Serpiente. A él y a sus descendientes, cuya mayoría obtenía el poder de anular la magia, se les llamó los Hijos de la Serpiente.

Del último Rey en Invierno

La familia Arcángel, mano derecha de los Vaelen, logró escapar y refugiarse en Valle de Lobos, al cobijo de Ramsey II, el Rey en Invierno. Ramsey II, al ver que ningún reino estaba lo suficientemente fuerte como para atacar Ail-Sinven, convocó a todos los huargos y montaraces y preparó un asedio en Ail-Sinven.

El asedio duró tres años, y acabó finalmente con las puertas de la ciudad abiertas y los sombras saliendo a borbotones de las murallas. Los huargos y los montaraces eran poderosos, pero los Sombras lo eran tanto como ellos y además eran más numerosos. Finalmente, los huargos y montaraces se retiraron cuando vieron que la derrota era inminente, pero Ramsey II murió defendiendo la retira-da de sus hombres. A Ramsey II se le llamó el Último Rey en Invierno o el Rey Mártir, simbolizando que Vreynem ya no necesitaría más la labor de un Rey en Invierno.

De los sangre de dragón (leyenda)

Al ver lo que Keargön había causado en su ya débil país, un hombre llamado Vaeltasse juró que no descansaría hasta poner fin a su reinado. Vaeltas no venía de ninguna casa noble, sino que era carpintero. Aun así cabalgó hasta la Maestría para pedir ayuda a Ulein, el sabio. Él le dijo lo que tenía que hacer, y Vaeltas cabalgó por todo el reino hasta que encontró un dragón.

El dragón era Hírandor, y Vaeltas le pidió ayuda. Hírandor probó el corazón de Vaeltas, y le hizo jurar que, si querían su ayuda, los hombres dejarían de perseguir a los dragones, y de no ser así, los dragones abandonaría Vreynem para siempre. Vaeltas accedió, e Hírandor le concedió el fuego del dragón, una bendición que le hacía fuerte y hábil.

Vaeltas e Hírandor dirigieron una orden de doce caballeros y doce dragones, seis hembras y seis machos, cuyos nombres se olvidaron, y atacaron el reino de Keargön. Finalmente, Keargön y su reinado fueron aniquilados, pero sus hijos lograron escapar.

Los caballeros que montaban en dragones pasaron a llamarse sangres de dragón, y su sangre bendecida se transmitió de generación en generación.

Del exilio de los dragones

A finales de siglo, los sangres de dragón seguían volando sobre dragones, pero su codicia y ansia de poder los corrompió poco a poco, alejándolos de lo que en un momento había erigido Vaeltas.

De esta forma, los dragones decidieron dejar de aliarse con los hombres y los abandonaron. Los hombres, resentidos porque les habían arrebatado aquel poder, persiguieron a los dragones intentando darles caza, pero como habían jurado años atrás, los dragones viajaron a las Tierras Sin Nombre, al norte de Vreynem, donde el hombre jamás podría encontrarlos, abandonando Vreynem para siempre.

De los huevos de Erestras

Los primeros doce dragones habían sido la mitad machos y la mitad hembras, y se habían emparejado entre sí. De esta forma, habían dado seis huevos que dejaron en Vreynem cuando abandonaron el reino hacia las Tierras Sin Nombre. El rey Percival VII de Relente, gobernador de Erestras, mandó hallar esos huevos y los colocó en el templo de Erestras. Nunca llegaron a eclosionar, faltos del calor de un dragón, y se dice que sólo se abrirían cuando un hombre recibiera el beso de un dios.

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