Decimotercera Edad de Vreynem

También llamada edad moderna.

De la Guerra de Pasillos y los Murmullos del Lord

Tras la posesión de los últimos huevos de dragón en Erestras, los Alba vieron cuestionado su poder ante la serie de conspiraciones que se dieron en la corte por parte de la casa de Venross y de Cerroluna, que se aliaron para echar del poder a los Alba. Ben de Venross, llamado también el duque de Venross o comúnmente el lord que murmura, fue quien planeó el asesinato de Minos de Alba, pero un espía de los Relente fue quien informó a Pío de Relente de que se planeaba envenenar al rey Minos durante un festín. A esta “guerra” de espías y traiciones se le llamó la Guerra de Pasillos puesto que la mayor parte de conversaciones y conspiraciones se dieron en los pasillos del palacio de Erestras. Durante esta guerra, que duró aproximadamente cuatro años, se acabó con la vida del hijo de Minos de Alva y con dos de los hijos de Fiero Cerroluna. Finalmente, durante el festín en el que se planeó matar a Minos de Alba, se colocó a un compañero de Pío de Relente como copero para que intercambiara las copas de Minos con la de Ben de Venross, habiendo hecho también un pacto con Fiero Cerroluna que le aseguraba la corona de Erestras si éste traicionaba a Ben, puesto que Minos de Alba no tenía herederos. Ben bebió la copa e ingirió el veneno, que le hizo caer hacia atrás mientras le ardía la garganta; con esto sólo pudo emitir murmullos maldiciendo a todos los que habían conspirado contra él. De ahí surgió la popular canción los Murmullos del Lord. Tal y como los Relente habían prometido, al morir Minos de Alba fue el hijo de Fiero Cerroluna, Fernos, quien ocupó el trono de Erestras.

De la entrega del Libro de Luz

Gracias a las labores de los sangres de dragón antiguos, los reinos de los hombres se repusieron de los daños causados en el Gran Invierno y la invasión de Keargön. Sin embargo, estaban resentidos con los dioses y les reprochaban que no les hubieran ayudado en aquellos momentos de necesidad. Como respuestas, los dioses mandaron al man’renhi Ulein a escribir un libro que ellos mimos le dictaron.

El libro fue llamado el Libro de Luz, y en él se redactó, aparte de los grandes acontecimientos religiosos de Vreynem e infinidad de ceremonias, rituales y oraciones religiosas, la predestinación de los héroes.

La predestinación de los héroes era una explicación que les dejó claro a los hombres que los dioses ya no podían influir más en los asuntos de los mortales, y que por lo tanto, si volvía a ocurrir alguna catástrofe como la Primera o Segunda Caída de Vreynem, los dioses había elegido a siete mortales para que les representaran en Vreynem y actuaran por ellos. Cada héroe fue encomendado a un dios y destinado por un verso sagrado.

De los montaraces

Tras la muerte del Último Rey en Invierno, el hijo de Ramsey II, Bravecor II, fue quien gobernó en Valle de Lobos. Bravecor no había sido más que un muchacho en la batalla de Ail-Sinven, pero al ver la muerte de su padre y de gran parte de sus compañeros, se había vuelto duro y fuerte. Se volvió un general, tal y como los que regían en Ferdhún y Ciudad del Jade, pero para tener un sólo referente en los montaraces, se le proclamó general supremo. No se trató de un rey, sino de un líder que tomaba las decisiones militares y políticas. La corona del Rey en Invierno se guardó en Valle de Lobos.

Los montaraces perdieron mucho poder y pasaron a considerarse una raza dura y enfrascada en las montañas, aunque cuando había algún problema militar, todos les pedían ayuda dada su buena reputación de guerreros y estrategas.

De la Bronca de los Barbas

Una vez que el reino hubo recuperado la normalidad, en Vaeleor se celebró un concilio para determinar quien sería el nuevo rey, ya que la familia de los Vaelen había sido exterminada por Keargön. Finalmente, como era obvio, subieron al trono los Arcángel, que habían sobrevivido a la invasión.

Fue coronado Peeves I Arcángel. Aprovechando este proceso de confusión en la política vaélica, el rey de Eaden, Dareon X, intentó tomar algunos terrenos de Vaeleor para agrandar sus territorios.

Sin embargo, Peeves I se sintió ofendido y le declaró la guerra. La guerra entre Eaden y Vaeleor duró veinte años, y fue llamada la Bronca de los Barbas, ya que se basaba tan sólo en riñas entre ambos reyes. Se dio principalmente al este de las montañas de la Tormenta y el bosque Gris.

Tanto Peeves I como Dareon X pidieron ayuda a los montaraces, pero ni un sólo montaraz acudió en ayuda de ninguno de los bandos.

De la expansión de la religión

Debido al nuevo Libro de Luz, muchas ciudades empezaron a recitar las oraciones y celebrar las ceremonias que en él había. La religión alcanzó un nuevo prestigio y empezó a enriquecerse. También se ocupó de la religión. Muchos se obsesionaron tanto con el culto a los dioses que se tornaron en un fanatismo peligroso. Esto desembocó en el siguiente siglo a la Guerra Sagrada.

Del fin de la Bronca de los Barbas y la Paz de los Rasos

A finales del siglo, Dareon X y Peeves I convocaron todas sus tropas para un último enfrentamiento en bosque Gris. Se dijo que sería la batalla que pondría fin a la guerra y que acudieron un millón de hombres de cada bando.

Sin embargo, a pocas horas de empezar la contienda, llegó la noticia de que el rey Peeves había muerto en su lecho. Los vaélicos, desconcertados, empezaron a retroceder y a ser perseguidos por los eándicos, pero entonces llegó también la noticia de que el rey Dareon había muerto al igual que su enemigo. Al oír esto, tanto oficiales como soldados quedaron confundidos y sin saber que hacer.

Finalmente, unos soldados rasos se echaron a reír y depusieron las armas en el suelo. Los demás les miraron desconcertados, pero al cabo de un rato siguieron su ejemplo y pararon de luchar los unos con los otros. La batalla acabó y los dos ejércitos se juntaron en un enorme banquete, tan famoso que los montaraces de Valle de Lobos acudieron a celebrar la paz.

El general supremo Bravecor, al ver cómo los hombres que hasta hacía unas horas habían estado peleando a muerte, bebían y reían ahora como viejos amigos, pidió silencio y dijo: “Con esto demostramos que la guerra es un juego de viejos que se odian y mandan a jóvenes que ni se conocen a matarse entre sí”.

Aquel banquete fue tan famoso que alcanzó el nombre de la Paz de los Rasos.

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