Octava Edad de Vreynem

También llamada edad oscura

Como todas las Edades desde la Primera hasta la Novena –con el nacimiento de la Maestría–, muchos hechos se consideran sólo leyendas.

De la Segunda Caída de Vreynem

Iblaquem había llegado hasta Vreynem desembarcando en la isla de Teneibra, donde  formó su propio reino y creó nuevas razas que incluyó en su ejército: a partir de los faunos creó a los sátiros, a partir de los huargos creó a los neandos, y convocó a los gnolls de las montañas Salvajes y a los sombras para que le reespaldaran desde el interior.

Iblaquem surgió también con un cetro a través del cual fue capaz de manifestar todo su poder. En menos de cinco años logró someter a todos los pueblos de Vreynem, tanto elfos como enanos, y los esclavizó durante cincuenta años. Los sombras fueron la voz y la voluntad de Varshan durante todo este tiempo.

Así mismo, Seon, el man’renhi de Irosar, se unió a Iblaquem y a punto estuvo de matar a Ulein, man’renhi de Ívana.

De la defensa de Vreynem

Los elfos dejaron de lado sus disputas con los enanos y en sus santuarios comenzaron a entrenar a guerreros especiales que denominaron duneis, y eran la élite del ejército. Los dunei encabezaban las batallas y eran capaces de acabar con ejércitos enteros.

Los enanos se instalaron en las Minas de Íluvem y aprovecharon para hacerse con ellas. Esto creó una disputa nueva entre enanos y elfos y acabó por una batalla, en la cual fueron sorprendidos por ejércitos de Iblaquem y masacrados allí. Finalmente los elfos cedieron las Minas de Íluvem a los enanos con la condición de que repartieran las producciones de erhir que sacaran y se las entregaran a ellos para hacer acero élfico, mientras que los enanos usaban el metal para hacer joyas.

Los feéricos quedaron recluidos en sus bosques y fueron sometidos al instante por Varshan. Sin embargo, los hombres, que eran pocos e insignificantes, empezaron a hacerles frente a los ejércitos de Varshan atacando en pequeñas emboscadas.

De las Lágrimas de Syria

Nada más conquistar Vreynem, Iblaquem trató de capturar a los man’renhi, pero ellos ya estaban al tanto tras la traición de Seon. Los enanos escoltaron a los man’enhi hasta la costa oeste, pero fueron sorprendidos por una emboscada y los man’renhi huyeron mientras los enanos eran masacrados. Sin embargo, los primeros hombres les socorrieron y los llevaron hasta la costa. Allí, los man’renhi embarcaron mientras los hombres se quedaban en la costa y luchaban hasta perecer por los ejércitos de Iblaquem.

Gracias a aquel sacrificio, los man’renhi sobrevivieron y pudieron ir a pedir ayuda a Kalinsar. Esta tragedia dio lugar a la canción de Lágrimas de Syria, puesto que mientras abandonaban la costa, la man’renhi Syria echó a llorar.

De la congelación de Iblaquem

Los dioses acudieron en respuesta a las súplicas de los man’renhi y pidieron a los dragones ayuda para reconquistar Vreynem. Con el apoyo de las bestias aladas, los dioses redujeron a cenizas el ejército de Iblaquem. Los sombras se quedaron en Vreynem mientras Iblaquem y Varshan huían hacia Teneibra, pero fueron sorprendidos al este de los montes de ÛnhenVarshan logró escapar con lo que quedaba del ejército y recluirse en Teneibra, pero Iblaquem y el man’renhi Seon se quedaron para luchar contra los äleinen.

Irosar e Iblaquem pelearon con tal magnitud que abrieron una brecha en el suelo, una brecha que pasaría a la historia como la Grieta de Anun’Kazhs. Al final ganó Irosar y él y los dioses envolvieron a Iblaquem en una tumba de obsidiana y diamante y lo escondieron en los confines llameantes de la grieta. Seon fue derrotado también, pero la man’renhi Syria tuvo que morir para ello. El man’renhi Vaeron, que estaba enamorado de ella, enloqueció por su pérdida.

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