Sexta Edad de Vreynem

También llamada edad de piedra.

Como todas las Edades desde la Primera hasta la Novena –con el nacimiento de la Maestría–, muchos hechos se consideran sólo leyendas.

De la creación de los enanos

Después de que Iblaquem y Varshan huyeran esta vez hacia ArnonJeno, el vaerin responsable de forjar las montañas y los minerales, tuvo la idea de crear una nueva raza que cavara en sus montañas y trabajara con su preciada piedra. Así que con el permiso de Irosar y el trabajo de Iria, su madre, creó a la raza de los enanos.

Menos inteligentes y apuestos que los elfos, fueron creados bajos de estatura para meterse en sus agujeros en las montañas y excavar sus túneles en busca de joyas.

Los elfos, al ver a aquellos seres tan primitivos y pequeños, se sintieron repugnados y se burlaron de ellos, llegando a perseguirlos. Esto desembocó más tarde en la terrible relación entre enanos y elfos.

De las Minas de Angkor 

La primera morada que habitaron los enanos fue la Mina de Íluvem, que por entonces estaba habitada por los elfos. Los enanos, que no tenían a donde ir, se refugiaron en la mina, pero los elfos no tardaron en echarlos mientras se reían de ellos. Esto acrecentó el odio de los enanos por los elfos.

Del demonio de Indhuin 

Mientras los enanos se marchaban de Íluvem, un demonio negro azotó el santuario de los elfos azules, una bestia que los elfos llamaron Il’thrown. Se sospechó que la bestia había sido invocada por Iblaquem desde el reino de Arnon, por envidia al reino de su hermano Irosar.

Ni la magia de los elfos ni los mejores guerreros pudieron hacer nada contra él. Il’thrown mató a Ígida II, reina de los elfos azules, y destrozó el palacio. Para poder matarla, Gauden, el man’renhi que cuidaba de los elfos azules, ordenó forjar una lanza de acero y diamante. Con ayuda de los dioses, Gauden logró hechizar la lanza de forma que pudiera llevarse el alma de cualquier demonio, y así abatieron a Il’thrown. Llamaron a la lanza Ir’drhiell.

Tras aquello, hubo una guerra política entre las dos hijas de la fallecida reina, pero el príncipe Sendo III, antes de que ninguna ganara y usara la lanza en beneficio propio, viajó hasta las tierras del norte, Yhon, donde Ulein, man’renhi de los elfos blancos, le había dicho que existía un templo habitado por un mismo demonio. Sendo III puso la lanza allí, de forma que nadie pudiera llevársela nunca, pero murió en el acto.

Del Paso de Ain’Darin

Vagando por Vreynem y huyendo de los dragones y otras criaturas, los enanos se toparon con las montañas más altas, y el rey Darin I, el primer rey enano, pensó que ninguna bestia podría perseguirlos al otro lado de aquellas altísimas montañas. Al ver que sus hombres morían intentando pasar al otro lado, Darin decidió excavar un paso entre las montañas. Darin murió, y su hijo Falen I le sucedió en su tarea, y luego el hijo de éste, Darin II. Al final, Darin II logró fabricar una sustancia que explotaba al contacto con el fuego, la pólvora, y gracias a ella, los enanos cruzaron al otro lado de las montañas.

De la Guerra de los Hermanos

La primera ciudad que levantaron los enanos se erigió en el centro mismo del Triángulo, el reino que más tarde se llamaría Erendor. Allí, los hijos de Darin II se disputaron su derecho a reinar. Eran tres: Cidar, Candor e Invés. Al final desembocó en una guerra que ganó Invés, aunque no mató a ninguno de sus hermanos, sino que les concedió la posibilidad de formar sus propios bastiones siempre que le juraran lealtad.

Así se formaron las tres grandes ciudades y el reino de Erendor (Padre Roca).

El nacimiento de Erendor

Durante décadas los enanos prosperaron y se volvieron diestros en el arte de la metalurgia. Los elfos, que habían perdido gran parte de sus tesoros y conocimiento tras la Guerra Civil, empezaron a envidiar la destreza de los enanos con las armas, pero aún no los consideraron una amenaza, pues los tomaban como un pueblo bárbaro y aún no civilizado, con el desconocimiento de los grandes salones que los enanos excavaban en las montañas, las riquezas que acumulaban en forma de joyas y del gran imperio que se extendía, pues aunque eran mortales, se reproducían mucho más rápido y con más frecuencia que los elfos, motivo por el cual los elfos los trataban como una plaga.

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